Impresiones:
No puedo utilizar mas que la palabra aventurarme para expresar lo que sentí que hice al entrar en aquel aula. Todavía aprendiendo el funcionamiento de una facultad llena de movimiento, repleta de gente con ideas, de esquinas que defienden luchas diferentes, decidí que podía aventurarme a algo más. Un proyecto más. Me alegro de haberlo hecho.
Lo hice porque no quería encerrarme en la rutina de un aula: entrar, absorber y debatir. Quería probar algo diferente, aprender nuevas metodologías, comprender qué había detrás de eso que llamaron "innovación social".
Mi primera impresión fue que llegaba a un espacio diferente: no era una clase, las mesas no estaban organizadas como tal. La diferencia de edad (aún mas teniendo en cuenta que yo soy de primero) eran palpables, lo cual me resultó muy estimulante. El proyecto en sí era interesante.
Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue el momento en el que se mencionó esa frontera invisible que separa la universidad de la ciudad (como metonimia de la sociedad) y que parece que cruzamos en el autobús. Es extraña esta tendencia que tenemos a estudiar a la sociedad como si fuera una placa de Petri. Pese a que es necesario tomar cierta distancia para poder observar correctamente, tal vez estamos empezando a llevar este distanciamiento demasiado lejos, olvidándonos de estudiar lo que está en nuestro entorno más inmediato y de que tenemos las herramientas para cambiar aquello que deseemos cambiar.
Desarrollo
Inmediatamente después se planteó el esquema de trabajo a seguir, que sería el siguiente:
El primer punto que llevamos acabo fue Nuestras experiencias (28/10/2014), en el que en grupos reducidos pusimos en común experiencias positivas y negativas que tuvimos a lo largo de nuestra vida como estudiantes. Se nos facilitó un método que, pese a su simplicidad, permitió que todos nosotros realmente escuchásemos a nuestros compañeros de grupo, lo que resulta esencial. Este método implicaba que uno de nosotros realizaba la tarea de ser observador. Este tomaba notas en un folio previamente dividido; en una parte se apuntaba lo que el grupo comentaba, y en la otra se sintetizaba. Una vez el grupo acababa de comentar sus experiencias, el observador exponía lo resumido con el objetivo de refrescar la memoria del grupo y de realizar una mejora del discurso.
Que fue posteriormente expuesto ante los otros grupos.
Puesta en común, conclusiones propias y nuevas ideas.
Yo fui la encargada de la presentación de mi grupo. Comencé explicando la rama de las experiencias negativas. Curiosamente, todas nuestras experiencias negativas se centraban en el sistema educativo que para nosotros era artífice de las reformas, la jerarquía y autoridad a la que nos vemos sometidos, la falta de inversión y la falta de fomento de elementos no tradicionales, como puede ser la educación no formal. Asimismo, también mencionamos la existencia de profesores no vocacionales que, pese a que pueden verse afectados por lo mencionado anteriormente, consideramos que nos afectaron negativamente por su propia falta de vocación y motivación profesional.
Por otra parte, al debatir el tema de las aulas y la autoridad en estas, acabamos derivando en los sentimientos encontrados que teníamos a la hora de debatir en clase, donde sentíamos que tanto alumnos como profesores generamos un clima de malestar que impide el correcto debate, ya que muchos creemos que nos veremos perjudicados por nuestras opiniones, viéndose esto reflejado en nuestras notas (por parte de los profesores) o en nuestra vida social en el aula (por parte de los alumnos). Consideramos así que esto es debido a una falta de cultura del debate, que se transmite no solo en el aula, sino en todo nuestro entorno.
Por último, destacamos la falta de orientación a la que nos vemos sometidos alumnos tanto de secundaria como de educación universitaria.
En cuanto a las experiencias positivas, contrastan con las negativas por el modo en que estas siempre son dirigidas a personas en particular que de alguna manera hicieron nuestra experiencia en la escuela mucho más valiosa, y en menor medida a los trabajos en grupo, que consideramos que motivan un mayor conocimiento del entorno y de uno mismo, así como el salir de la rutina del trabajo individual.
Yendo un poco más allá, encontramos como positivo el reciente movimiento de todos los elementos que componen la escuela y que han generado un ambiente más solidario en nuestro entorno (AMPAS, Asociaciones de alumnos, PAS...). Vemos en este crecimiento una estrecha relación con la crisis económica actual, que ha implicado el despertar de antiguas herramientas sociales y la creación de otras muchas, fomentando las iniciativas intermedias. Llegamos así al debate entorno a las asociaciones de tipo político en la UCM, y más concretamente en nuestra facultad. Se comenta que su propósito es visibilizar el movimiento estudiantil, así como divulgar el conocimiento político. Sin embargo, se comenta cómo la mayoría de estas asociaciones tienen un pensamiento homogéneo, y nos preguntamos qué genera esto en nosotros. ¿Unidad? ¿Falta de expresión? ¿Está esto vinculado con la falta de cultura del debate?
Asimismo, la puesta en común posibilitó el que nos diéramos cuenta de puntos que no habíamos tenido en cuenta.
En uno de los grupos, se mencionó la necesidad de un ambiente de tolerancia e igualdad como la base de una educación de calidad. Esto se encuentra estrechamente vinculado con la importancia de estar integrado en un grupo. Una de las ideas que este grupo defendía respecto a este tema, era cómo un grupo en condiciones de paridad y tolerancia, en el que todos se sentían integrados, era un grupo fuerte, que se sentía capaz de enfrentarse a cualquier problema. Es curioso que ninguno de los otros dos grupos cayésemos en esta idea. ¿Acaso nosotros no sentimos de la misma manera la necesidad de estar integrados? ¿Es, tal vez, otro de nuestros problemas el profundo individualismo con el que enfrentamos las situaciones?

